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Cómo se viven 8 días de buscar a una niña en Guatemala Featured

16 Marzo 2017 By Glays Olmstead In Noticias
Los tíos Lilian y Emilio, en su octavo día de búsqueda de Yami, de 15 años, que estuvo en el aula en la que murieron 40 niñas. Los tíos Lilian y Emilio, en su octavo día de búsqueda de Yami, de 15 años, que estuvo en el aula en la que murieron 40 niñas. Foto: Carlos Sebastián

Ya pasó una semana de la tragedia en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en el que murieron 40 niñas y adolescentes quemadas mientras estaban bajo resguardo del Estado. Y mientras una parte del país sigue con la tristeza y la incomodidad de recordar lo que pasó, esta familia todavía no encuentra a su niña. Yoselin Yamileth Barahona Beltrán, “Yami”, es una de las que sigue desaparecida. No hay ninguna institución ni persona que se responsabilice o responda por su paradero. Son ocho días sin saber nada y ocho días de peregrinar por oficinas estatales pidiendo respuestas. Éste es el recorrido que sus familiares hicieron, con desesperación, el octavo día desde que no saben de ella.

1. El hospital y los migrantes

Son las 9 de la mañana. No hace calor ni hace frío afuera del Hospital Roosevelt. Hay una cantidad moderada de personas en la consulta externa. No parece que hace una semana, a esta misma hora, esperaban ambulancias que recorrieron 20 kilómetros desde San José Pinula, con 19 niñas y adolescentes quemadas. En la entrada, se encuentran Lilian Estrada y Emilio Marroquín, parientes de una de las víctimas de Yami, que tiene 15 años y ocho días desaparecida.

Emilio y Lilian no son pareja. Ambos son tíos políticos de Yami, por parte de su mamá, Andrea, fallecida cuando la niña tenía 1 año, por una aparente sobredosis. Del padre no se sabe nada, nunca supieron. Tiene dos hermanos, más grandes que ella, Brandon y Bryan, de 19 y 22 años.

– Pero ellos no están en un buen camino, dice el tío Emilio, para evitar decir que sus sobrinos consumen drogas y no pueden hacer nada para evitarlo.

Hace cinco años que los hermanos Barahona se quedaron bajo tutela de sus tíos abuelos, Emilio y Blanca. Antes, la responsable de ellos era la hermana de Andrea, Wendy. Pero ella viajó a Estados Unidos, donde vive legalmente con la abuela de Yami.

Desde California, la abuela Delia y la hermana Wendy les preguntan todos los días si ya encontraron a Yami. Y eso es lo que han hecho. Buscarla.

Emilio y Lilian se han presentado todos los días a la morgue del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif). Ya presentaron muestras de sangre para que se les haga exámenes comparativos con los de las víctimas aún no identificadas. Esta mañana había todavía 2 cadáveres de niñas sin reclamar, registradas aún como “XX”.

En el Hospital Roosevelt, Lilian se mueve como pez en el agua. Es la cuarta vez, en ocho días, que están aquí. Conoce dónde está la oficina de Dirección Ejecutiva y se acerca, pide hablar con una representante para que le den información de su sobrina. Le atienden, pero le piden que espere. Pasan unos cuantos minutos y aparece el doctor Marco Antonio Barrientos. Les saluda amablemente. Aunque no parece recordarles, los trata como que sí y responde a sus preguntas.

– Ella no está aquí. Hoy ya están todas identificadas, y algunas ya se fueron a Estados Unidos, es la respuesta que reciben del médico.

Lilian se molesta, y dos delegados de la Procuraduría de Derechos Humanos, que se presentaron como Verónica Reyes y Augusto Jerez, se acercan para ofrecer apoyo. Tanto Emilio, como ella, desconfían de la organización y se muestran reservados al principio.

Una vez deciden contar su historia, el nombre de la niña y las condiciones, los delegados deciden ofrecer acompañamiento para buscar a la menor. Esta es la primera vez que los tíos hablan con alguien de la PDH en esta semana. Los delegados les explican que como el doctor niega que se encuentre entre las 4 niñas que aún permanecen en el hospital, deben ir a la Secretaría de Bienestar Social. Se supone que esta entidad debe de tener centralizados los nombres y casos, además de brindar atención a los familiares. Los tíos aceptan ir a la SBS, por segunda vez en la semana. El sábado pasado no les dieron información.

2. La Secretaría y sus noticias

Hace una semana la Secretaría de Bienestar Social tenía otro secretario, que era Carlos Rodas, y otra subsecretaria, que era Anahy Keller, productora de televisión y amiga de Jimmy Morales. El Hogar Virgen de la Asunción, todavía tenía más de 500 niños adentro y su director era Santos Torres. Hoy, los tres han sido capturados. El MP los acusa de tener responsabilidad en la muerte de 40 niñas, y lesiones graves de otras 15, que estaban bajo su protección y abrigo. Entre ellas, Yoselin Yamileth Barahona, Yami.

Ocho días después de la tragedia, el presidente Jimmy Morales decidió hacer una visita a la Secretaría. El propósito: presentar a Cándida Rabanales de Granados, la nueva secretaria de bienestar social, una profesional de buena reputación entre las organizaciones e instituciones que trabajan por la niñez y adolescencia. Desde las 10:30 de la mañana no se permite el ingreso de nadie a la institución, por orden de la seguridad presidenciall. Incluso en la garita, del lugar al que los familiares de los niños del Hogar deberían de poder acercarse, se lee un cartel que dice: “Por fuerza mayor no atenderemos hoy”. Unos minutos después aparecieron los vehículos de Jimmy Morales, de su esposa, Patricia Marroquín, y de su seguridad.

Bajo el sol de media mañana pasaron 40 minutos antes de que los tíos Emilio y Lilian, y Verónica, oficial de la PDH, pudieran ingresar. Adentro no había casi nadie. La mayor parte del personal se encontraba en la actividad con el Presidente. Un asesor de la Secretaría, que se presentó como Boris Chacón, condujo a los familiares a la oficina improvisada donde está montado el call center al que llaman las familias de los niños del Hogar. Hay cuatro personas a cargo de los teléfonos y la información.

Las niñas víctimas del fuego que consumió uno de los salones de la escuela del Hogar Seguro tenían entre 14 y 17 años. Yami tiene 15. Se sabe que las niñas encerradas en esa aula del Hogar, bajo el resguardo de la Policía Nacional Civil, eran las que habían escapado un día antes tras quejarse y denunciar maltrato, abusos sexuales y mala alimentación. En este grupo de adolescentes, se encontraba Yami. Así le confirmaron en la Secretaría a sus tíos.

– Yoselin Yamileth Barahona aparece aquí como que abandonó proceso. Está entre el grupo de Escuela PNC, explica en gerigonza el oficial de la Secretaría a los tíos

– O sea que, ¿está en la escuela de la policía? ¿Ahí la trasladaron?, responde con ilusión la tía Lilian.

– No señora. Ella estaba en la escuela del Hogar, bajo el resguardo de la PNC, entre el grupo de niñas víctimas de la tragedia.

La gerigonza ‘abandonar proceso’ quiere decir que ella intentó escapar. Y Escuela PNC es el eufemismo que usan para decir que estuvo en el aula incendiada frente a los ojos de las oficiales de la Policía Nacional Civil. De hecho, Nómada publicó los testimonios de 4 niñas que aseguran que cuando pidieron auxilio a las policías para que les abrieran las puertas, les respondieron que “se aguantaran”.

3. La manifestación del próximo sábado en el Hogar Seguro

La falta de noticias en la Secretaría no sorprende a Emilio ni a Lilian. Ellos ya lo sabían porque un contacto les había dado el listado de las niñas que se habían escapado y que se encontraban en la clase que se quemó. Yami aparece de tercero en esa lista. Le siguen los nombres de adolescentes que ya han sido reclamadas por sus familias en la morgue del Inacif. Antes de salir, ambos pasan a la baño. Ya saben dónde queda.

Tanto Boris, de la Secretaría, como Verónica, de la PDH, insisten que con esta información los tíos deberían de volver a la morgue. Consideran que Yami podría ser uno de los cadáveres no identificados. Ellos aceptan, aunque insisten que el sábado no solo fueron a la Secretaría, también lograron que el hermano Bryan y José Luis, tío de la mamá de Yami, se sacaron sangre para hacer el cotejo de ADN en el Inacif.

El sábado, mientras estaban en la morgue, cientos de personas se reunían para manifestarse en el Parque Central. Entre los manifestantes estaba el jefe de la emergencia del San Juan de Dios, el doctor Napoleón Méndez. Fue en una pausa tras operar a una de las niñas, se fue a manifestar “con más ganas”, y regresó a trabajar después de ir a la Plaza. Se quedó hasta que encendieron las velas, y vio a las mujeres tejedoras con niños en un círculo, a otros grupos encargados de armar altares y carteles, o performances como el del agua roja de la fuente. La familia de Yami no se enteró de la manifestación.

–Nosotros no sabemos nada de protestas, porque estábamos tratando de encontrar a la Yami. Pero nos dijeron que este sábado las familias y quien quiera, vamos a manifestar frente el lugar ese, el Hogar Inseguro en San José Pinula, dice la tía Lilian, a modo de invitación.

Los tíos Emilio y Lilian son de escasísimos recursos. No tienen dinero para taxis y a veces no tienen para todos los tiempos de comida en estos días en los que no han podido trabajar. Pudieron visitar todas estas instituciones en un día sólo porque estos periodistas que escriben y toman fotos los llevaron en un carro.

En el camino nos cuentan que en octubre de 2016, hace cinco meses, pensaron que la mejor opción para Yami era pedir al Estado que los ayudara a “reformar” el carácter su sobrina. Entonces activaron la alerta Alba Keneth para encontarla y le dijeron a una jueza que mejor la enviara al Hogar Seguro porque ahí recibiría atención psicológica, médica, de maestros y de trabajadores sociales.

– Ella se salía del colegio y no iba a sus exámenes. Pero el colmo fue una vez que no fue a estudiar sino a una fiesta. Y ahí la drogaron, o yo no sé, pero perdió el conocimiento y los bomberos llegaron a rescatarla. Ese día la violaron.

Afuera, Guatemala tampoco era un hogar seguro para Yami.

Tras cinco meses en el Hogar Seguro, el 7 de febrero, hace un mes, iban a pedir al juzgado que les devolviera a su sobrina nieta. Pero la audiencia de febrero no sucedió. A través de un memorial, la Secretaría dijo que no podía llevar a la niña porque no tenían gasolina para el carro. Y por eso, tuvieron que reprogramar para el 24 de marzo, un mes y medio después, sin siquiera imaginarse lo que pasaría. Morir quemada, o estar desaparecida, por tener mal carácter. Su tío insiste que ella había cambiado: “nos llamaba y decía que había aprendido a hacer oficio y lavar su ropa, pero quería salir”.

4. Entre la morgue y la ciencia

En uno de los lugares más siniestros y lúgubres de la ciudad, otro agente de la PDH espera a Emilio y a Lilian para acompañarlos y lograr que las autoridades de la morgue les permitan reconocer los cuerpos no identificados para saber si alguna es Yami.

En la morgue, los pasan al ‘cuarto de entrevistas’. Un forense les pregunta características de la niña para compararlas con el cuerpo sin identificar.

Pasan 20 minutos ahí dentro. Cuando salen, explican que no es esa niña porque Yami solo tiene dos tatuajes, un en cada brazo, y la persona sin reconocer tiene cuatro en diferentes partes del cuerpo, que no coinciden. Les piden que, por favor, esperen unos minutos para que puedan hablar con el director de la morgue.

Emilio y Lilian aprovechan la pausa para comer de lo que les dan el grupo de voluntarias lideradas por Raquel Arreaga y su mamá, Mayra Jiménez, instaladas ahí desde el día de la tragedia y costeando el apoyo con sus propios recursos. Después de ocho días, las moscas en el lugar ya no les molestan a Lilian y Emilio. Parece incluso como que si ya no las vieran. Bendicen sus alimentos, comen. Aparece el doctor Carlos Augusto Rodas González. Un hombre alto y grande, con camisa blanca, pantalón negro y un corbatín negro. Al principio es empático con Emilio y Lilian, les pide disculpas por no poder ayudarles con el reconocimiento de alguno de los cuerpos. Hasta que le preguntan por la prueba de ADN que se hizo el hermano de Yami el fin de semana.

– A la ciencia no se le pone tiempo, y si todavía no tenemos resultados, todavía no tenemos resultados.

A la ciencia no se le pone tiempo.

5. La última esperanza

Lilian y Emilio regresan a su almuerzo. No saben qué hacer ahora, pero el hambre aprieta para la primera comida del día. Se acercan a las voluntarias y les preguntan qué hacer. Nada los ampara. Como tiene alerta Alba Kenneth, si la encuentra la PNC, la que debió haberla cuidar ese 8 de marzo, solo la regresaría a un hogar del Estado y tendrían que esperar semanas o meses para una audiencia con un juez. Después de 8 días ya no confían en la PDH ni en ninguna otra institución estatal.

Los tíos de Yami no confían en nadie. Solo en las voluntarias. Ellas las pusieron en contacto con un equipo legal de una oenegé para los asesore gratuitamente y los acompañe en el proceso. A las 3 de la tarde, la Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos de Guatemala (Udefegua) se convierte en un canal de enlace entre la familia y las instituciones estatales que deberían velar por la niñez.

Las reuniones entre Emilio, Liliana y el equipo jurídico son privadas. Pasan tres horas en la reunión. Ahora presentarán un recurso de exhibición personal.

Ellos salen camino a su casa, a intentar dormir, aunque hace ocho días que no lo logran. Hoy es el cumpleaños de uno de los hijos de Emilio, pero no hay planes para celebrar. Dice que no quiere hacer nada hasta que Yami no aparezca, para que así estén todos.

– Nosotros solo queremos encontrarla, queremos saber dónde está, aunque sea viva o muerta, pero con nosotros.

Información tomada de nomada.gt

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