Anda el PP estos días como el que estrena nuevo hogar; gestionando ésta “su casa” que es España con una alegría que da gusto; como si la crisis que acogota a cinco millones de españoles no fuera con ellos. ¡Qué bárbaros! ¡Qué manera de ordenar y mandar! Qué manera de tirar y cambiar tabiques, tapiar ventanas, repintar cualquier huella que apunte a la época (política) anterior, encerrar con siete llaves lo que huele a progreso, justicia social, libertad…
Y si no, que le pregunten al camaleónico ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón qué jugarreta se propone hacerle a las mujeres con su anuncio de “revisar” la ley del aborto. ¡Qué manera de ir para atrás! Qué entusiasmo, en fin, por reverdecer mohosos ritos y costumbres enarbolando la bandera de la fe cuando nos habíamos hecho ya a la idea de que el mundo progresaba (España también) con argumentos de Razón e Ilustración; con el esfuerzo de todos los españoles y no con la arbitrariedad de caciquismos y plegarias de meapilas.




Un estudio del Instituto Guttmacher y la OMS manifiesta su “preocupación” porque la mayor proporción de abortos se da en países donde se hacen en forma “clandestina e insegura” y donde no hay políticas de planificación familiar.
Las leyes de aborto restrictivas no están asociadas con tasas de interrupción de embarazo más bajas. Esta es una de las conclusiones de una nueva investigación del Instituto Guttmacher y la Organización Mundial de la Salud publicada en los últimos días en la prestigiosa revista médica The Lancet.
El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, ha anunciado una reforma de la Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo para exigir el consentimiento paterno en los casos de las menores de edad que quieran abortar.